Perrunamente
Me muero muerta. Me considero una mujer de conducta recatada, loca, pero dentro de los parámetros del pudor y la religión.
Asisto a dos centros de deporte. El Gymdo, el gimnasio en el que practico Taekwondo y hago Tae Box. También me reviento el agua caliente, y me seco las cabelleras. Trato de gastar toda la luz de mi casa ahí. Y también voy al Polideportivo Limatamabo, a clases de Afro y unas de baile, que como ya te conté Sachacaguar, evitan que ande de pichurrienta por ahí.
El Gymdo anunció pomposamente esta semana, que habrían dos horas gratis de Afro. Así que mi intensidad y yo nos apuntamos con mucha anticipación para no perdernos dos horas del mágico sujetador de pelvis y vejiga, el Afro.
Llegó el día y los profesores del mal, solo nos hicieron bailar diez minutos de Afro, y luego solo fue baile. Me enfurecí 🤬. Ya me iba a ir, pero me quede bailando con las compañeras del gimnasio, ya que nunca había participado con ellas de una clase de baile en el gimnasio.
Entonces, en medio de mi mal humor, empieza una canción que sí la conocía porque la había bailado en el Polideportivo. A medida que avanzaba la música, me llamaba la atención que solo yo hacía los pasos muy marcados y feroces y las tías del gimnasio, no tanto, es más, los evitaban. ¡Y en eso se me iluminó! La canción era un perreo, y yo estaba perreando con todo mi ser.
¿Y ahora? ¿Qué haré con esta habilidad que para bien no sirve?¿Qué dirá mi religión y mis stalkers espirituales?
For ever, estornudo y ya no me orino. Es una victoria muy perruna.
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